Uno de los “compañeros” grabó el humillante momento en vídeo

Una chica desfiló completamente desnuda enfrente de sus compañeros de trabajo para “levantarles la moral”, después de que su jefe se lo pidiera a cambio de una cantidad económica.

Este repugnante abuso de autoridad tuvo lugar en una empresa de ventas telefónica de Varsovia, Polonia. Vestida solamente con botas y gafas de sol, la empleada se paseó entre dos filas de hombres trajeados, con corbata y zapatillas  que la vitoreaban y le silbaban a su paso.

En las imágenes se puede observar como la trabajadora llegó a levantar el dedo corazón de su mano ante la cámara. La misma tras finalizar el vergonzoso recorrido, se vistió y continuó con sus labores del dia. Según la prensa local, la joven renunció a trabajo después de varios días y se sometió a tratamiento psicológico.

Cualquier palabra que se diga a continuación será insuficiente para condenar la violación contra su propia dignidad que tuvo que soportar esta mujer. Al igual que el rechazo contra cualquier comentario irónico, de burla o que celebre este chantaje y culpe a la víctima no será nunca suficiente para que una parte de nuestra sociedad entienda que las mujeres no son mercancía, no son objetos sexuales y no están aquí para entretenerles la mañana.

Estos son algunos comentarios al vídeo de YouTube, firmados todos ellos por hombres: “Así cualquiera trabaja bien”, “Los polacos están a años luz a la hora de saber motivar a sus trabajadores”, “¿Dónde tengo que mandar mi Currículum Vitae?” y el hiriente “Cuando se es puta, se es puta”.

Estos “Hombres” solo fomentan el trato hacia la mujer como objeto, sin verla como una persona mas.

Cuando se acusa a esta empleada de ser una puta y de no una víctima de una extorsión fomentada por los directivos de la empresa en la que trabaja, están apoyando la desigualdad de género. Y, en pleno caso Harvey Weinstein, están legitimando el acoso sexual que sufren en sus puestos de trabajo.

Cuando se considera que es una mujer la que tiene que motivar al varón, están defendiendo que la labor de sus compañeras es más prescindible que la suya y están justificando un acto de dominación del hombre sobre la mujer que, en el plano laboral, se puede llegar a ver reflejado en diferencias salariales.

Pero cuando se recurren a los billetes para someter a una mujer y empujarla a desnudarse, la están mercantilizando contra su voluntad y, consecuentemente, anulándola para decidir sobre su propio cuerpo y así aprovecharse de ella. Como si fuera un juguete a pilas.

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